Cuando muchos muchos dueños de negocios comienzan, su instinto es simple:
“Voy a cobrar más barato para atraer clientes.”
Y claro, funciona… por un rato.
Porque siempre habrá alguien que compre solo por el precio.
Pero cuando ese cliente encuentre a otro que cobre aún menos, se irá.
El problema no es dar descuentos.
Lo importante es por qué los das.
Un descuento puede ser una estrategia inteligente si tiene propósito:
agradecer a un cliente fiel, incentivar una segunda compra, o abrir una puerta que luego sabrás mantener.
Pero si lo haces solo por miedo a no vender, lo que estás descontando no es el precio, es el valor percibido de tu trabajo.
Cobrar barato puede parecer una forma de entrar al mercado, pero mantener precios justos es la forma de quedarte en él.
Así que no te preocupes por ser el más económico, preocúpate por ser el más confiable, el más coherente, el más claro en lo que entregas.
Porque la gente que compra solo por precio…
también se va por precio.